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Gracias por acercarse a mi espacio, ahora soy "Misflores", y conmigo encontrará Diseño, Arte y Distinción siempre a su servicio.
En esta página iré compartiendo con usted valiosa información y hermosas imágenes para su regocijo, todo relacionado al mundo de las flores y las plantas.
Misflores y yo, desde Chile, le da la más cordial bienvenida!

María Soledad Salazar
Artista plástica, escritora, diseñadora floral
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Las rosas de Halfeti

Las rosas negras sí existen en la naturaleza, aunque sean tan extrañas que únicamente se desarrollan en un lugar de manera natural. Estas rosas, que aparecen perfectamente negras a simple vista, sólo crecen en pequeñas cantidades en la pequeña aldea de Halfeti, en el sur de Turquía.

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Las condiciones únicas del suelo y los niveles de pH de las aguas subterráneas en la zona – que se filtran desde el río Éufrates – permiten que el color rojo carmesí de la rosa se convierta en negro.
Pero existe un hecho extremadamente raro que hace que la rosa de Halfeti sea aún más valiosa, pues sólo aparecen negras en los meses de verano. En otras temporadas, crecen con un rojo pronunciado y muy oscuro.

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Esta variedad de rosa, altamente pigmentada para que parezca negra, se produce básicamente por la densidad del suelo y la combinación de las antocianinas, unos pigmentos hidrosolubles. El suelo tiene un impacto enorme en esta clase de pigmento ya que es muy sensible al pH. De hecho, las antocianinas son las responsables del color oscuro de las moras, frambuesas y los arándanos.

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Los turcos, por su parte, parecen tener una especie de relación de amor-odio con estas rosas negras, ya que, aunque es un fenómeno único en el mundo en el entorno natural, la rosa negra para ellos simboliza la muerte y la llegada de malas noticias. Y los turcos son muy supersticiosos para estas cosas.

Así que, a pesar de la extrema rareza de la flor, no es posible recomendar la compra de una rosa negra para una novia turca, a menos que ella sea amante del metal o quieras que piense que planeas su asesinato a base de un poco de magia negra.

La leyenda de la Astromelia


La tribu vivía cerca de Ten-Ten Mahuida, que hoy se conoce como cerro Tronador.

En aquel entonces, el hijo del cacique era un joven llamado Quintral. No había muchacha en la región que no suspirara al mencionar sus actos de valentía, su físico vigoroso, su voz seductora. Pero a Quintral no le interesaban los halagos femeninos. Él amaba a una joven humilde llamada Amancay, aunque estaba convencido de que su padre jamás lo dejaría desposarla. Lo que el joven guerrero no imaginaba, es que Amancay también sentía por él un profundo amor, y no se animaba a decirlo porque pensaba que su pobreza la hacía indigna de un príncipe. Tanto amor inconfesado encontraría pronto una dura prueba.

Sin aviso, se declaró en la tribu una epidemia de fiebre. Quienes caían víctimas de la enfermedad deliraban hasta la muerte, y nadie sabía cómo curarla. Los que permanecían sanos pensaban que se trataba de malos espíritus y comenzaron a alejarse de la aldea.

En pocos días, Quintral también cayó. El cacique, que velaba junto a su hijo despreciando el peligro del contagio, lo escuchó murmurar, en pleno delirio, un nombre: “Amancay…”

No le llevó mucho averiguar quién era, y saber del amor secreto que sentían el uno por el otro. Decidido a buscar para su hijo cualquier cosa que le devolviera la salud, mandó a sus guerreros a traerla.

Pero Amancay ya no estaba en su casa. Se hallaba trepando penosamente el Ten-Ten Mahuida. La “machi”, la hechicera del pueblo, le había dicho que el único remedio capaz de bajar esa fiebre era una infusión, hecha con una flor amarilla que crecía solitaria en lo alto de la montaña.

Lastimándose manos y rodillas, Amancay alcanzó finalmente la cumbre y vio la flor abierta al sol.

Apenas la arrancó, una sombra enorme cubrió el suelo. Levantó los ojos y vio un gran cóndor, que se posó junto a ella levantando un viento terrible a cada golpe de sus alas. El ave le dijo con voz atronadora que él era el guardián de las cumbres y la acusó de tomar algo que pertenecía a los dioses.

Aterrada, Amancay le contó llorando lo que sucedía abajo, en el valle, donde Quintral agonizaba, y que aquellas flores y jardines eran su única esperanza.

El cóndor le dijo que la cura llegaría a Quintral sólo si ella accedía a entregar su propio corazón. Amancay aceptó, porque no imaginaba un mundo donde Quintral no estuviera, y si tenía que entregar su vida a cambio, no le importaba. Dejó que el cóndor la envolviera en sus alas y le arrancara el corazón con el pico. En un suspiro donde se le iba la vida, Amancay pronunció el nombre de Quintral.

El cóndor tomó el corazón y la flor entre sus garras y se elevó, volando sobre el viento hasta la morada de los dioses. Mientras volaba, la sangre que goteaba no sólo manchó la flor sino que cayó sobre los valles y montañas. El cóndor pidió a los dioses la cura de aquella enfermedad, y que los hombres siempre recordaran el sacrificio de Amancay.

La “machi”, que aguardaba en su choza el regreso de la joven, mirando cada tanto hacia la montaña, supo que algo milagroso había pasado. Porque en un momento, las cumbres y valles se cubrieron de pequeñas flores amarillas moteadas de rojo. En cada gota de sangre de Amancay nacía una pequeña planta, la misma que antes crecía solamente en la cumbre del Ten-Ten.

La hechicera salió al exterior, mirando con ojos asombrados el vuelo de un cóndor gigantesco, allá en lo alto.Y supo que los vuriloches tenían su cura. Por eso, cuando los guerreros llegaron en busca de Amancay, les entregó un puñado de las flores como única respuesta.



La leyenda de la Morera


En los tiempos de la reina de Asiria Semíramis, Tisbe, la más bonita de las doncellas, era amada por Píramo, apuesto príncipe que habitaba en la tierra vecina.

Los padres de ambos, enfadados por ancestrales desavenencias, se opusieron al amor de los jóvenes, lo que no impidió que éstos siguieran amándose y que decidieran huir, dándose cita bajo una morera situada junto al mausoleo de Nino.

La primera en llegar fue Tisbe con el rostro cubierto por un velo, pero apareció una fiera leona y Tisbe, asustada, huyó perdiendo su velo que la leona recogió con sus dientes aún ensangrentados, por haber comido un buey.

Píramo, al encontrar el velo manchado de sangre y destrozado por la fiera, creyó que su amada había muerto. Al sentirse culpable del destino de Tisbe se dio muerte con su espada. Al regresar Tisbe, recuperada, vio el cuerpo sin vida de su amante y se clavó la espada de Píramo. La sangre tiñó la morera y desde entonces el fruto se volvió de un color negro púrpura.

La leyenda del Clavel del aire


Corre por todo el noroeste argentino una hermosa y triste leyenda sobre el clavel del aire; planta que vive pendiendo de los troncos o ramas de añosos algarrobos o de los pelados peñascos. 

Refiere la misma que durante una minga, un joven oficial español se enamoró de una indiecita conocida por Shullca, la que en ningún momento correspondió al apasionado amor de aquel. Juró entonces vengarse de la que así despreciaba su cariño, y una tarde en la que la halló sola en la sierra comenzó a perseguirla. 

La niña, en su desesperación, trepó a la rama más alta de un coposo algarrobo que el viento balanceaba amenazando derribarla. El joven le solicitó con buenas palabras que bajara, prometiéndole respetarla si así lo hacía  Como la niña se negara a ello, le amenazó con su puñal. Lo que no pudo la súplica, menos logró la amenaza. Y entre despechado y furioso arrojó el arma que fue a clavarse en el pecho de la pobre niña. 

Como un pájaro cayó el cuerpo de Shullca en el vací­o y tras él, el del oficial hispano. 
Una gota de sangre alcanzó, empero, a humedecer el tronco del árbol. Y allí nació el clavel del aire, que antes de una flor es, al decir de Joaquín V. González, ( político literato argentino) un rayo de luz modelado en la forma de los lirios mí­sticos, con tres pétalos de suaví­simo y casi volátil tejido con la blancura y el aroma de la virginidad seráfica, porque es el alma de la tierra, y encarnada en tan delicioso cuerpo, vive encima de ella, impregnándola de su aliento que es gracia y amor.



La leyenda del Iris


El sencillo iris amarillo o lirio de agua es el emblema de las casas reales de Francia y es su símbolo nacional. En el siglo VI, Clodoveo, rey de los francos, fue acorralado por los godos frente al río Rin que les cortaba el paso. Clodoveo observó unas flores amarillas que surgían del agua, lo que le llevó a deducir que el agua allí no podía ser muy profunda. Gracias a ello Clodoveo y su ejército pudieron cruzar el río y vencer al enemigo. Desde ese momento, el rey adoptó la flor como emblema propio. Fue su descendiente Luis VII quien le dio el nombre de flor de lis.

Los iris nos comunican confianza, tal vez con la idea asociada de la antigüedad de que la diosa Iris era la mensajera de los dioses y sobre todo con el iris azul que nos trae noticias placenteras. Era el puente benigno de las relaciones entre el favor de los dioses hacia una humanidad siempre necesitada de alegrías. Para facilitar los cosas, Iris fue transformada en el hermoso arco iris que surge cuando cesa la lluvia y sale el sol.



La leyenda del Copihue


Hace muchos años,en los bosques del sur de Chile vivía una hermosa niña llamada Rayén. Ella amaba a Maitú,el guerrero más valiente de su tribu. Habían sido prometidos en matrimonio por sus padres cuando eran niños.
Un día en primavera, Maitú partió con los hombres del pueblo, a luchar en una batalla a orillas del río Toltén.
Rayén quedó muy triste. Cada día, Rayén subía al pino más alto del bosque. Desde allí podía observar el polvo que levantaban los guerreros en el combate y cuando regresaban, salía a su encuentro, pero su marido no volvió nunca. 
Rayén lloró hasta morir de pena en el bosque derramando muchas lágrimas que se convirtieron en flores de sangre.
Desde entonces florecen los Copihues recordando el dolor de la mapuche y el valor del guerrero que lucha hasta morir.


La leyenda del Girasol


Pirayú era el cacique de una tribu residente a orillas del río Paraná. Mandió por otro lado, era el cacique de la tribu vecina. Ambos hombres eran buenos amigos, y sus pueblos vivían en armonía completa.

Mandió un día quiso unir las tribus, y para esto le pidió matrimonio a la hija de Pirayú. Éste le dijo que era imposible y le contó que ella no se casaría porque había prometido su vida al dios Sol. Mandió no podía creer lo que escuchaba, y Pirayú le explicó que su hija, desde niña, pasaba las horas mirando al sol. Solo vivía para él. Los días nublados, los pasaba triste. Mandió se fue, lleno de rabia.

Pasaron los días, y Carandaí hija del cacique, navegaba contemplando al Sol. De pronto vio fuego en su aldea y fue hasta la orilla, cuando de pronto barras de madera le impidieron el paso. Mandió le dijo: “Tendrás que pedirle a tu dios que te libere”. La joven desesperada aclamó: “Cuarahji, mi querido sol, no permitas que Mandió termine con mi pueblo y conmigo”. En ese instante, la joven se rodeó de potentes rayos que la hicieron desaparecer.

En ese mismo lugar, brotó una planta hermosa con una flor dorada que siguió siempre, para toda la eternidad, mirando siempre hacia el rumbo del sol.


La leyenda de la Margarita


El dios de los árboles frutales y de la vegetación, Vertumno, se enamoró de la hermosa ninfa Belides, pero ella no correspondió a sus deseos y, para poder escapar de sus proposiciones, se transformó en una margarita. 

También esta flor está relacionada con la infancia.

En la tradición inglesa el hada Milkah alimentaba al hijo pequeño de un rey con platos preparados a base de margaritas para que así no llegara a convertirse en adulto y pudiera conservar su infantil inocencia.


La leyenda de la Rosa


Se cuenta que Cibeles creó esta bella flor para poder vengarse de la diosa Afrodita, puesto que sólo la belleza de la rosa podía compararse y competir con la belleza de la diosa del amor, por eso fue consagrada a Afrodita. El perfume de esta flor, junto con su hermosura, son el símbolo del amor, y sus espinas representan el dolor y el daño que causa el amor, las heridas que éste puede abrir. 

La sonrisa de Eros dio lugar al nacimiento de la rosa, o bien cayó de los cabellos de la Aurora, diosa del alba, cuando se estaba peinando. En la mitología romana se atribuye al dios Baco, dios del vino, la aparición de las rosas. Y una leyenda de los países rumanos narra la historia de una hermosísima princesa que se bañaba en un lago, el sol se detuvo durante tres días para contemplar a la joven; cuando Dios advirtió el peligro que corría el orden del universo, convirtió a la princesa en una rosa y obligó al sol a continuar su camino. Se dice que por esta razón que las rosas agachan sus cabezas y se sonrojan cuando el sol sale en su busca.


La leyenda de la Hortensia




El Rey Luis XIV de Francia mandó a una expedición que buscara nuevas plantas para su jardín. Dicen que en el barco que zarpó hacía Brasil había un grumete débil y más frágil que los demás del que todos se burlaban. Cuando el barco llegó a las costas de Brasil los nativos secuestraron a este grumete llamado Banet. Una vez que consiguieron liberarlo se dieron cuenta de que el grumete en realidad era una mujer que había camuflado su identidad para poder ver el mundo. Al volver a Francia, el Rey le concedió el honor de nombrar a una de las flores encontradas con su nombre: Hortensia.

La leyenda del Aciano




La reina Luisa de Prusia fue una hermosa dama, de gran valor. El emperador Napoleón el Grande invadió su país y se apoderó de él, oprimiendo al pueblo, pero la reina luchó valientemente contra el invasor.

Sin embargo, al fin, el enemigo tomó la capital (Berlín), y la reina, que tras muchas penalidades, pudo escapar con sus hijos, fue a esconderse en un campo cubierto de acianos. Los niños, asustados, empezaron a llorar. Entonces la reina Luisa, temiendo que alguien les oyera y les descubriera, cogió algunas de aquellas florecitas azules y haciendo con ellas coronas y ramas para los pequeños príncipes, logró distraerles de su pena.

Uno de ellos se llamaba Guillermo, y algunos años después derrotó al sobrino de Napoleón. Proclamado primer emperador de Alemania, tomó como símbolo el aciano.


La leyenda del Pensamiento




"Tres  bonitas  caras  bajo  una capucha" es el delicioso nombre que las jóvenes aldeanas inglesas han dado en su idioma al pensamiento; y trinitaria lo han llamado en cambio, las campesinas francesas.

Dícese que el pensamiento tenia en sus primeros días de existencia un aroma más suave y delicado que su hermana la violeta. Crecía en los campos entre el trigo, y era muy buscado a causa de sus bellos colores y exquisita fragancia; esto era causa de que los trigos quedasen estropeados por los que iban en busca de tan bella y delicada flor.

No era, pues, raro que en la época de la cosecha, escasease el grano. Afligía esto profundamente a la flor, y un día de primavera rogó a la Divina Trinidad la privase de su suave perfume, pues no quería que por su culpa  se perdiese el fruto de las cosechas. Fue oída su plegaria: perdió la flor su aroma, y desde entonces las bellas campesinas francesas la llaman planta de la Trinidad o trinitaria.


La leyenda del Crisantemo




En la Selva Negra (Alemania) vivía un campesino llamado Hermann. La víspera de Navidad, cuando regresaba a su casa, encontró a un niño pequeñito tendido sobre la nieve. Lo tomó en brazos y lo condujo al modesto hogar donde le aguardaban su esposa e hijos, quienes compadeciéndose del pobre niño, compartieron alegremente con él la humilde cena que tenían preparada para aquella festividad.

El pequeño forastero permaneció toda la noche en la cabaña, y a la mañana siguiente, después de revelar que era el Niño Jesús, desapareció. Cuando volvió a pasar Hermann por el lugar donde había encontrado al Niño, vio que habían nacido entre la nieve unas flores hermosísimas. Cogiendo un buen puñado de ellas las llevó a su esposa, quien les dio el nombre de crisantemos, esto es, "flores de Cristo, o flores de oro". A partir de ahí, cada Noche Buena  Hermann y los suyos daban a algún niño pobre parte de la cena en memoria de aquél  pequeño visitante.